Jerome Powel. Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Recientemente hemos visto como tambalea el sistema bancario occidental, donde el hedor de los cadáveres financieros demuestran la podredumbre del mismo. Sistema que se sostiene artificialmente gracias a las constantes inyecciones de liquidez por parte del banco central. En este caso, los cadáveres son los del financiero Silicon Valley Bank — SVB (banco por antonomasia de la industria tecnológica de Estados Unidos), Silvergate Bank (o mejor conocido como el “banco cripto”) y al First Republic Bank. Aunque las razones específicamente técnicas de las quiebras, son diferentes. El detonante de fondo es el agresivo aumento de las tasas de interés por parte de la FED.
Básicamente estos bancos no tienen cómo garantizar el depósito de sus clientes, los cuales ante la incertidumbre financiera, corren en masa a retirarlo. Y como es sabido, los bancos no pueden responder ante las solicitudes masivas de retiro. Tal situación genera un pánico bancario, lo cual, como efecto dominó puede llevar a muchas otras entidades a caer. Mientras el sistema estaba al borde del abismo, curiosamente ese domingo en la noche, se jugaba el “Superbowl”, tras bambalina se reunían Jerome Powel (Presidente de la FED) y Janet Yellen (Secretaria del Tesoro). Donde como era de esperarse, decidieron lanzar el salvavidas. La solución de siempre, inyectar más liquidez al sistema. Aumentaron exponencialmente el balance de la FED, el cual, con mucho cuidado y paciencia, durante el último año habían logrado reducir.
Con esto, el problema subyacente permanece, porque inevitablemente, al crear más dinero de la nada, la inflación no parará de crecer. La peculiar secretaria del tesoro, curiosamente ex-presidenta de la FED, hizo especial énfasis en que el dinero de los depositantes estaba garantizado y no había motivos para entrar en pánico. Lo que significa, socialización de las pérdidas. Al final será el pueblo americano quien a través de más carga tributaria y vía inflación, pagarán este nuevo rescate.
Al final, es el tesoro de los Estados Unidos, quien a través de sus bonos, garantiza los depósitos de las personas que se encuentran en estos zombies financieros. En este punto, se puede inferir que, el sistema bancario más grande del mundo, está nacionalizado. Y los bancos, sólo son terceros intermediarios, porque al final del día, el gobierno es quien responde por los depósitos y rescatará al sistema financiero cuantas veces sea necesario.
Sistema bancario europeo en vilo.
A diferencia de cómo fustigó la vicepresidenta del gobierno español, Nadia Calviño, donde afirma que los problemas bancarios de Estados Unidos son idiosincrásicos y no contagian a la economía europea. El sistema europeo también es un zombie, que sobrevive gracias a los rescates del Banco Central Europeo — BCE, y de igual, sienten el impacto y el pánico bancario americano.
Esta vez es Credit Suisse, de los bancos más importantes de Suiza y de Europa. Este país, que antes era de las economías mas sólidas del mundo, donde había afluencia de inversión y ahorro extranjero, por su robusto sistema. Ahora también es víctima de esas políticas monetarias destructivas y parasitarias, promovida por neoliberales, quienes inspirados en la desgracia keynesiana, no hacen más que destruir economías en favor de unos pocos.
Desde hace tiempo Credit Suisse venía mostrando síntomas de una inminente caída, pero la gota que rebasó la copa fue el pánico bancario en Estados Unidos. Ya era insostenible la situación, y si a eso, se le suma el desplome que venía teniendo sus acciones en bolsa, por la desconfianza de los inversores, fue cuestión de horas para que UBS (otro banco suizo de gran envergadura) anunciara un acuerdo para rescatarlo. De otra parte, otro que está en aprietos, es Deutsche Bank, se puede decir que es el Banco más importante de Alemania, la locomotora de Europa.
Además de la inflación y el contagio de su vecino suizo, hay que tener en cuenta que las sanciones interpuestas a Rusia, sin duda han afectado más a los alemanes que a la misma Rusia, porque la principal fuente de energía era el gas ruso. Al cortar el suministro por las sanciones, la locomotora de Europa tuvo que frenar su industria, y el coste energético es superior. Las empresas y los inversores huyen a otras regiones donde haya seguridad energética y menores costos de producción.
Rusia se lanza a los brazos de China y se consolida la fractura geopolítica global.
Desde 2008, después de la crisis económica provocada por la explosión de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Que inevitablemente contagió a todo el mundo, por la hegemonía del dólar como divisa de intercambio mundial. Las potencias emergentes, como Rusia y China sabían que no podían caer en el jueguito financerista y especulativo de occidente, controlado desde la city londinense y Wall Street.
Recientemente, el presidente de China, Xi Jinping, visitó al Presidente Ruso Vladimir Putin. De curiosa relevancia, es que es la primera visita diplomática al extranjero realizada por el premier Chino, desde que fue confirmado por tercer periodo consecutivo como presidente de esa Nación. El recibimiento por parte de Rusia fue emblemático, saltaron adulaciones de lado y lado, solo faltó un beso apasionado, para consolidar tal alianza. De tal magnitud fue la reunión, que el mandarín Xi la calificó como “un evento que se ve una vez por siglo”. De todos los acuerdos conseguidos, sin duda el más relevante, fue que Rusia confirmó que en adelante sus transacciones monetarias internacionales las harán con Yuanes chinos.
Mientras el sistema bancario occidental tambalea, el bloque geoeconómico promovido desde oriente, en cabeza de la potencia económica china y la potencia energética y militar rusa, consolida una alianza estratégica que sentencia la fractura geopolítica global. Sin duda, esto reafirma el fin de la globalización, y afianza el nacimiento de dos bloques geoeconómicos. Estamos ante un hito histórico de grandes magnitudes, que representa el fin de la hegemonía de Estados Unidos como potencia dominante, y del dólar como moneda de intercambio global.
Es el nacimiento de una nueva dicotomía, que trasciende más allá de lo dogmático. Hasta el momento es solo una guerra económica, marcada por los regionalismos. Aunque materialmente tiene sus matices en Ucrania, pero sin intervenciones masivas que puedan conducir a una tercera guerra mundial. Por el bien y preservación de la humanidad, esperemos que se mantenga así.
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